o rojos o amarillos descascarándose con el
agua y el sol, verdaderos paisajes de estos
tiempos de guerra
ella lloraba en el lobby
del Hotel Capri, mientras le leía poemas que no eran míos,
en motocicleta, cuando aún el sol brillaba
los cubanos son niños que lo miran todo decía
Otro él, aparece desde el centro del salón y necesito
más de un segundo para
reconocerle
me acerco y me cuenta de mujeres, palacios de salsa,
de bailes mágicos
no hay, pienso
no existe una isla
sin orillas...
no tengo dólares
mejor será
desaparecer antes que la noche.
